AUTISMO 4/4 PARTES


PASO 4: EDUQUE A LOS COMPANEROS DE CLASE DEL NINO Y  PROMUEVA METAS SOCIALES.


Quizás el mito más común sobre los niños con autismo es que no tienen la capacidad, motivación o deseo de establecer y mantener relaciones significativas como la amistad y el compañerismo. Esto, en la casi totalidad de los casos, es falso. 

No hay duda de que los niños con autismo tienen deficiencias sociales y retrasos en la comunicación o el lenguaje que les dificulta establecer amistades. Sin embargo, con la ayuda adecuada, los niños con autismo pueden vincularse con sus compañeros y establecer relaciones duraderas y mutuamente satisfactorias. Es fundamental que los maestros de los niños con autismo tengan esta convicción y que creen la expectativa de que los estudiantes con autismo establezcan y mantengan relaciones significativas con los adultos y los otros niños de la clase. El Plan Educativo Individualizado (IEP por su sigla en inglés) debe incluir metas bien definidas en cuanto a destrezas sociales y formas de evaluar su progreso con regularidad.
Como maestro de un niño con autismo en un salón de educación general, su tarea más importante es crear un ambiente social en el que se proporcionen oportunidades para que haya interacciones positivas entre el niño con autismo y sus compañeros neurotípicos a lo largo del día. Esto no ocurrirá sin todo su apoyo.


Quizá la herramienta más poderosa para crear un ambiente positivo y aumentar las interacciones sociales positivas entre el niño con autismo y sus compañeros es educarlos acerca del trastorno del niño. La investigación demuestra que los compañeros neurotípicos tienen actitudes más positivas, mejor comprensión y mayor aceptación de los niños con autismo cuando se les da información clara, precisa y directa acerca del trastorno. Cuando se los educa acerca del autismo y las estrategias específicas para interactuar eficazmente con niños que tienen autismo, tienen más probabilidades de tener interacciones frecuentes y positivas con ellos.


Además de educar a los compañeros del niño con autismo, los maestros deben promover la aceptación de ese niño como un miembro integral y de pleno derecho del salón, aunque asista a clases solo durante unas cuantas horas a la semana. También es importante crear una atmósfera en la que no se permitan las burlas, los insultos ni la intimidación. Debido a que los niños con autismo tienen dificultades socializando y comprendiendo el lenguaje o la jerga, así como las pautas sociales, fácilmente pueden convertirse en blanco de abuso o acoso escolar (bullying) y de personas insensibles. El acoso escolar no debería ser tolerado en ninguna institución educativa.
Muchas de las interacciones sociales ocurren fuera del salón de clases, en la cafetería y el patio del recreo. Si no se planifica y no se los ayuda, los estudiantes con autismo suelen quedarse solos durante estos periodos desestructurados. Para asegurarse que esto no ocurra, usted podría rotar la asignación entre sus alumnos de ser el encargado de acompañar en el patio de recreo al estudiante con autismo. De este modo, el estudiante tendrá la oportunidad de observar y copiar las conductas sociales apropiadas de los diferentes compañeros durante el año escolar. Este “círculo de amigos” puede también implementarse fuera de la escuela.


PASO 5: COLABORE EN LA IMPLEMENTACION DE UN PROGRAMA EDUCATIVO

El próximo paso en su preparación es participar en el desarrollo e implementación de un programa educativo para su alumno con autismo. Es fundamental que este plan se base en la evaluación de las destrezas pedagógicas actuales del niño y en sus metas educativas, según se definen en el Plan Educativo Individualizado.

Los Planes Educativos Individualizados (IEP) son creados por un equipo multidisciplinario de profesionales de la educación, junto con los padres del niño, y son diseñados en torno a las necesidades de cada estudiante. El IEP especifica el camino que el niño va a seguir durante el año escolar. Los maestros de educación especial y general, los terapeutas de lenguaje y ocupacionales, los psicólogos educativos y las familias integran el equipo del IEP y se reúnen intermitentemente a lo largo del año para discutir el progreso hacia de las metas del IEP.
Antes de que el equipo del IEP se reúna, un equipo de evaluación recopila información acerca del estudiante para evaluarlo y dar recomendaciones. Entre los profesionales de la educación que llevan a cabo esta evaluación están el psicólogo de la escuela, la trabajadora social, un maestro y/o un patólogo del lenguaje. Un neurólogo puede ser llamado a realizar una evaluación médica y un audiólogo para evaluar el oído. La maestra del niño contribuye con su evaluación del progreso académico y de la conducta en clase del estudiante. Los padres aportan información a cada especialista durante el proceso. Finalmente, un miembro del equipo de evaluación coordina toda la información y el equipo se reúne con el equipo del IEP para presentar sus recomendaciones. El equipo del IEP, integrado por el personal de la escuela que trabaja con el estudiante y la familia, después se reúne para redactar el IEP basado en la evaluación y las sugerencias de los miembros del equipo.
El IEP siempre incluye metas anuales, objetivos de corto plazo y los servicios educativos especiales que requiere el niño, así como una evaluación anual para determinar si se alcanzaron las metas propuestas. Las metas anuales deben identificar conductas específicas que puedan ser medidas a fin de determinar el grado de progreso que se debe alcanzar al final del año escolar. Los objetivos de corto plazo deben definir qué pasos graduales y secuenciales se deben cumplir para alcanzar cada meta anual. Las metas anuales y los objetivos de corto plazo pueden centrarse en el desarrollo de destrezas sociales y de comunicación o en reducir conductas problemáticas. El Apéndice D ofrece más información acerca de cómo redactar objetivos y cómo desarrollar metas medibles en el IEP para estudiantes con autismo.


Como maestro de educación general, usted será el responsable de reportarle al equipo del IEP el progreso alcanzado por el estudiante dentro de las metas y objetivos académicos, sociales y de conducta contenidos en el IEP. También le pedirán su opinión para crear nuevos objetivos y metas en las reuniones donde se revise el avance del IEP. El Apéndice E también incluye un calendario para el estudiante, que podrá ser adaptado y utilizado para documentar el progreso del estudiante en cada meta específica. Esta herramienta puede disminuir el tiempo empleado en documentar el rendimiento integral del estudiante.



PASO 6: MANEJE LOS CAMBIOS DE CONDUCTA

En los estudiantes con autismo, las conductas problemáticas pueden ser provocadas por una variedad de razones. Estas conductas pueden incluir rabietas, correr por toda el aula, vocalizaciones fuertes, actividades autolesivas y otros comportamientos que interrumpen o distraen. Debido a que los niños con autismo a menudo se les dificulta comunicarse en formas socialmente aceptables, puede que se comporten mal cuando están confundidos o sienten miedo por algo. Por ejemplo, su estudiante con autismo puede comenzar a caminar por todo el salón cuando se interrumpe la rutina diaria, y es una manera de expresar su confusión por lo que está ocurriendo en su entorno. El niño con autismo también puede comenzar a saltar porque este movimiento lo distrae de un ruido que le molesta.
Lo más importante que usted puede hacer para ayudar a reducir la frecuencia y la intensidad de estos comportamientos es descifrar su causa y aprender a distinguir entre el comportamiento del niño derivado del autismo y la mala conducta intencionada que amerita una acción disciplinaria. Piense en las características del autismo que hemos venido discutiendo y cómo pueden afectar la conducta en cuestión. Trate de distinguir patrones en estas conductas: ¿ocurren más o menos a la misma hora del día o cuando se está realizando una actividad particular en el aula? ¿Nota que el niño con autismo parece estar cansado o tener sueño los días que tiende a portarse mal con más frecuencia? Comunicarse con las familias y los otros miembros del equipo y observar el comportamiento en el contexto que ocurre es esencial para examinar la conducta.

El próximo paso es poner a prueba las hipótesis acerca de por qué ocurrió cierta conducta. Por ejemplo, digamos que usted nota que cada vez que suena la campana, su estudiante con autismo empieza a vocalizar fuertemente. A usted puede parecerle que al estudiante le molesta el ruido inesperado. Una manera de probar esta teoría es tocando el hombro del estudiante todos los días dos minutos antes de que suene la campana de modo de prepararlo para el ruido. Si no funciona, su próxima hipótesis podría ser que el ruido hace que al estudiante le duelan los oídos. Podría pedir que la campana no suene en su salón de clases. A cambio, puede usar una alarma menos estruendosa para que los estudiantes sepan cuando es la hora del recreo. Si esa solución tampoco funciona, puede desarrollar y probar otras hipótesis.

Además, los maestros deben usar consistentemente técnicas de refuerzo conductual positivo para promover conductas positivas y pro-sociales en el niño con autismo. El IEP del estudiante debe incluir metas conductuales positivas muy concretas y explícitas, así como una amplia gama de métodos para promover estas metas. Por ejemplo, una meta conductual podría ser que el estudiante aprenda a jugar en grupos pequeños dentro del aula durante 5 minutos, tres veces por semana, sin tener un arrebato u otras conductas indebidas. Cuando el estudiante logra esto, debe ser recompensado con muchos elogios verbales, incentivos concretos (p. ej., fichas que le dan tiempo para jugar con un juguete favorito), o algún otro premio preestablecido. Otra posibilidad es establecer un sistema visual en el que quede muy claro al niño que ha logrado algo importante. Es vital que los padres del niño y el equipo del IEP ayuden a determinar cuál sistema de incentivos se utilizará para desarrollar los comportamientos positivos del niño.
La clave es ser consistente a lo largo del tiempo en su reacción a las conductas y usar la mayor cantidad posible de estrategias positivas para promover conductas pro-sociales. Además, cuando ocurre una conducta problemática, puede ser útil que el estudiante vaya a un área tranquila del aula. Este ambiente familiar y menos ruidoso podría ayudar a calmar al estudiante. O, si cuenta con una ayudante, quizá pueda llevar al estudiante al patio de recreo para que se desahogue

1 comentario:

  1. Hola buenas noches, compañeros les recomiendo leer el libro escrito por: María Isoliett Iglesias: ATRAPADA (La batalla de dos mundos) La vida de Bea con Autismo. Es enriquecedor leerlo.

    ResponderBorrar